Las cadenas de bloques se pueden clasificar basándose en el acceso a los datos almacenados en la misma:

Cadena de bloques pública: es aquella en la que no hay restricciones ni para leer los datos de la cadena de bloques (los cuales pueden haber sido cifrados) ni para enviar transacciones para que sean incluidas en la cadena de bloques. En ellas es fácil entrar y salir, son transparentes, están construidas con precaución para la operación en un entorno no confiable. Son ideales para uso en aplicaciones totalmente descentralizadas como por ejemplo para el Internet.

Cadena de bloques privada: es aquella en la que tanto los accesos a los datos de la cadena de bloque como el envío de transacciones para ser incluidas, están limitadas a una lista predefinida de entidades.

Ambos tipos de cadenas deben ser considerados como casos extremos pudiendo haber casos intermedios.

 

Según los permisos

Las cadenas de bloques se pueden clasificar basándose en los permisos para generar bloques en la misma:

 

Cadena de bloques sin permisos: es aquella en la que no hay restricciones para que las entidades puedan procesar transacciones y crear bloques. Este tipo de cadenas de bloques necesitan tokens nativos para proveer incentivos para que los usuarios mantengan el sistema. Ejemplos de tokens nativos son los nuevos bitcoins que se obtienen al construir un bloque y las comisiones de las transacciones. La cantidad recompensada por crear nuevos bloques es una buena medida de la seguridad de una cadena de bloques sin permisos. Suelen utilizar un protocolo de consenso tipo prueba de trabajo (proof-of-work).

Cadena de bloques permisionada: es aquella en la que el procesamiento de transacciones está desarrollado por una lista predefinida de sujetos con identidades conocidas. Por ello generalmente no necesitan tokens nativos. Los tokens nativos son necesarios para proveer incentivos para los procesadores de transacciones. Por ello es típico que usen como protocolo de consenso el de prueba de participación (proof-of-stake).